Meditación, ese salto a ninguna parte

Decides sentarte a meditar, con la motivación que te han inspirado prometedores testimonios. Pones un incienso. Algo por dentro te pide vivenciar esa experiencia, intuyes que dedicarte la oportunidad será un regalo para tu interior. Respiras hondo, varias veces. Pero después de un rato lo que encuentras es una mente de lo mas ruidosa e intransigente, lo más lejano a esa paz que sugieren expresiones como “mente en blanco”. ¿Qué has hecho mal?, ¿es tu mente más activa que la de otros?, ¿mejor deberías probar con… el parapente?… La mente ha construido un enfoque férreo, muy condicionado por las experiencias previas y la dinámica cotidiana, y lo llama realidad. Desde ese enfoque, los problemas seguirán siendo problemas y la mente seguirá en su discurso sin pausa. Desde ese enfoque, el intento, aunque sea un gran paso, es insuficiente y obedece a la misma construcción que boicotea tu paz interior, aunque tengas una batería de ideas positivas para contraatacar. Por suerte, un gramo de paz tiene mucho mas alcance que todos los kilos de estrés que acarreamos, aunque no se ve de inmediato. Ahí es donde nos podemos preguntar, “¿entonces, qué hago?”. La cuestión no es tratar de parar la mente, sino moverla a otro punto de enfoque en el que pueda renovarse. Despertar nuestra percepción atendiendo a los detalles de este momento, aventurarnos a hacer eso que no nos atrevemos, permitir que las emociones que nos reclaman atención se expresen, o simplemente dejar el móvil en casa, se acerca más a las fronteras de esa realidad que parece imposible de cambiar, de esa mal llamada zona de “confort”. Nuestro cerebro incluye regiones que no usamos plenamente, y que hemos ido descartando a favor de rutinas que a veces son eficaces, otras veces obsoletas. Alto precio por algo que se siente tan vacío. Usar esas regiones desentrenadas se acerca más al sentido del “no pensar”, al “no hacer”, a pesar de que nuestro cerebro sigue tan activo como siempre, o quizás más aún. Para la mente ordinaria es inconcebible funcionar de otro modo, de ahí que imaginarnos no pensando pueda incluso verse como una amenaza para la propia identidad, o para el fluir natural. El pensamiento lógico, que se identifica con el neocórtex, no cede su aparente control, de modo que cualquier resolución de la razón está lejos de calar profundamente en nuestro ánimo deseoso de descanso. Por esto mismo, desmontar las emociones que nos agobian, percibidas como una amenaza por nuestro sistema límbico, no es una tarea exclusivamente mental, sino también necesariamente orgánica y sensorial, muscular y hormonal. La meditación dejará de ser entendida como un objetivo para dar lugar a un proceso global lleno de aprendizaje sensible. Para facilitar este proceso hay innumerables métodos, técnicas psicofísicas que requieren una cierta paciencia y disciplina, y afortunadamente hoy tenemos una gran gama de opciones que se adaptan a cada necesidad. Como para cualquier arte, la técnica es tan necesaria como la intención, y el talento innato solo sirve de punto de partida. Ahora deberías apuntarte tranquilamente a parapente, sabiendo que también estarás más cerca de facilitar una visión panorámica similar sin moverte. Un verdadero salto sin distancias, a otro enfoque de este misterio que llamamos vida, que integre una parte mayor de lo que somos. Quizás, ojeando una revista como ésta te animes a probar una actividad, alguna de tus facetas latentes te recompensará, y por breves momentos, sin saberlo, estarás …